Paz y cinismo…

Eva Borreguero en El País 23/10/19:

“…) la estruendosa aclamación “somos gentes de paz” y las “marchas por la libertad “ abanderadas por un jovial Quim Torra, cual Gandhi encabezando la célebre Marcha de la Sal de 1930. Sólo le faltaba el gayato. Paradójicamente, y en parte a consecuencia de la estrategia del gobierno español de no caer en la provocación y mantener la respuesta policial un paso por detrás de los radicales callejeros, se ha producido un efecto bumerán que ha sacado a la superficie la violencia de la pretendida “desobediencia civil”: el emperador está desnudo.”

Presentacion del libro Parlamentarios Asturianos de La Transición 1977-82

Pié foto: Presidente de la Junta General del Principado, Pedro Sanjurjo González, Alonso J Puerta (a su derecha), María Izquierdo Rojo, a su izquierda; comenzando por la izquierda de la foto: Josefina Velasco Rozado, Adolfo Fernández Pérez, Emilio García-Pumarino Ramos, Javier Rodriguez Muñoz , Alfredo Prieto Valiente, y Jose M Fernàndez Hevia.

Las mujeres defensoras de los Derechos Humanos sufren cada vez más represión y violencia

Un experto en derechos humanos de la ONU ha denunciado que las mujeres, las niñas  que defienden los derechos humanos sufren cada vez más represión y violencia en todo el mundo. Esa represión se extiende a las personas que no se identifican los géneros tradicionales.

“En el actual clima político, en el que hay una reacción violenta contra los derechos humanos, las mujeres que los defienden y promueven a menudo son las primeras en sufrir ataques”, dice Michael Forst, el relator sobre la situación de los defensores.

Su informe muestra como el auge de discursos políticos misóginos, sexistas y homófobos han “normalizado” la violencia contra las defensoras.

“En muchos países”, dice, “las mujeres que alzan la voz por los derechos humanos son estigmatizadas, llamándolas malas madres, terroristas o brujas, silenciadas y marginadas de la toma de decisiones e incluso pueden ser asesinadas”.

Forst concluye que las mujeres enfrentan los mismos riesgos que los hombres defensores, pero está claro que ellas además sufren amenazas “adicionales y diferentes” moldeadas a partir de estereotipos de género.

Un problema de todos

Por VICENTE TOVAR, El Mundo, 21/8/18

Menores inmigrantes a bordo de la nave Aquarius EFE/Médicos Sin Fronteras

Hasta ahora nuestra Europa se había convertido en una referencia ideal para personas inmigrantes que procedían de países donde no se respetan los derechos o donde sufren incluso persecuciones. Europa ha sido siempre una tierra de acogida. De ahí que haya causado más que sorpresa la actitud que están mostrando algunos gobiernos de la Unión de rechazar la llegada de inmigrantes, que está acaparando titulares en estos días.

No es un problema de fácil solución ya que esta llegada masiva puede llegar a desestabilizar la propia Unión, si no se hace de una manera ordenada y racional y de ahí la necesidad de realizar políticas conjuntas, incluyendo a los países de procedencia de los inmigrantes, donde se fijen cuotas que Europa pueda soportar para que puedan tener las atenciones y ayudas necesarias y donde se fijen, sobre todo, políticas de inversión en esos países del tercer mundo a la vez que políticas de represión de las mafias que trafican con seres humanos.

La inmigración como fenómeno social que marca la agenda de gobiernos y políticas que hasta el momento no parecen haber dado mucho resultado, no es ni más ni menos que el resultado de la desigualdad entre países de primera y de segunda, cuyos ciudadanos tienen el derecho de buscar una oportunidad de mejora. Y ante este contexto, la Unión Europea debe hacer gala de la solidaridad con aquellos que han tenido menos suerte.

Como entidad supranacional la Unión debería llegar a acuerdos con los países de origen desde los que se producen estas oleadas de migrantes, promover las condiciones para la democratización y desarrollo de los mismos, así como su compromiso con los derechos humanos. En otras palabras, a Europa le toca gastarse el dinero para mejorar la situación de África y no hay tercera vía. O eso, o su acogida de forma repartida y compensada entre todos por igual.

Cuando un inmigrante llega a España lejos de haber finalizado su viaje, se encuentra un panorama bastante desalentador. En primer lugar, si ha entrado por la frontera de Marruecos a las ciudades de Ceuta y Melilla, en 10 días será devuelto a este país en virtud de un tratado firmado por ambos países donde Marruecos se compromete a «readmitir» en su territorio a los nacionales de terceros países que hayan entrado en territorio español por medio de Marruecos (es lo que se llama devoluciones en caliente).

Respecto a los demás países, el inmigrante probablemente solicitará la petición de asilo mediante su asistencia jurídica gratuita, y en caso de que sea concedida, adquirirá la condición de refugiado. En los demás casos, será expulsado, aunque no se podrá hacerlo si su solicitud de asilo sigue tramitándose, no se sabe la verdadera nacionalidad, o si no existe un tratado de repatriación con su país de origen.

Pero lo que más preocupa y sobre lo que se debe hacer especial mención es a la compleja situación de los inmigrantes menores de edad no acompañados, los llamados «MENA». La organización Save The Children da un dato muy significativo que refleja la dificultad de la situación con respecto a estos menores: «en 2017 fueron mas de 2.500 los menores no acompañados que llegaron a España, un 60,4% mas que el año anterior».

Educar en valores éticos POR: ADELA CORTINA · FUENTE: EL PAÍS · 26 JULIO, 2018

Establecer una asignatura de valores cívicos en la educación española es una buena noticia porque de esa manera los futuros profesionales tendrán un espacio para reflexionar sobre las metas y valores de su actividad.

El 17 de junio pasado llegó a Valencia el buque Aquarius con 630 inmigrantes a bordo, rescatados días antes en el Mediterráneo. Aunque el viaje era largo, otros puertos más próximos no se prestaron a recibirlos y fue el puerto valenciano el que lo hizo. Naturalmente, los comentarios de todo tipo inundaron las páginas de la prensa, las cadenas de radio y televisión y las redes sociales, desde los agoreros cansinos que insistieron, como siempre, en pronosticar un efecto llamada que acarrearía toda suerte de males, hasta el entusiasmo de una ciudadanía, orgullosa de saberse y sentirse solidaria.

Los tres poderes sociales —el ciudadano, el político y el económico— se unían para atender a los más vulnerables. Era el momento mágico de las sinergias entre las fuerzas sociales a favor de lo mejor que tenemos los seres humanos. Era un brote valioso de hospitalidad.

Claro que aquello era solo un comienzo, y a partir de ese punto debía empezar el proceso de organizar, discernir y, en su caso, llevar a cabo la integración, porque la acogida es un bien menor, cuando no se ha logrado resolver los problemas en los países de origen para que nadie se vea obligado a dejar su hogar, pero integrar a los recién llegados era todavía la asignatura pendiente.

Recuerdo la ingeniosa respuesta de un profesor latinoamericano a quien pregunté cómo no mejoraba la situación de su país, teniendo en cuenta la creatividad de sus gentes: “Es que”, me dijo, “tenemos muchas iniciativas, pero pocas acabativas”. Y tenía razón, pero no solo para su país, sino para muchos otros; entre ellos, España y esa precaria unión supranacional, que es la Unión Europea.

Los problemas políticos y económicos han venido poniéndole trabas desde el comienzo, pero hoy en día se han sumado las deficiencias éticas: la falta de acuerdo real en los valores de los que queremos vivir, que son los que constituyen nuestras señas éticas de identidad. Como diría José Luis Aranguren, nuestra moral vivida, además de nuestra moral pensada.

En la forja de esa moral es una pieza clave la educación, tanto formal como informal, tanto la que se plasma en currículos escolares y universitarios como la que se propaga a través de la vida cotidiana.

Porque las personas no nacen ciudadanas, sino que se hacen. La persona —recordaba Kant— lo es por la educación, es lo que la educación le hace ser. Y en este tiempo en que en España se debate sobre una reforma de la ley de educación, que venga a superar deficiencias de la LOMCE, es una buena noticia saber que una asignatura de “valores éticos y cívicos” va a formar parte de los planes de estudios escolares como un capítulo en la formación de todo el alumnado.

A fin de cuentas, hace años constaba una asignatura con el título “La vida moral y la reflexión ética”, que se ocupaba del conjunto de valores éticos compartidos en las sociedades pluralistas y democráticas, es decir, de su ética cívica, y de los proyectos que desde ella se han ido incorporando. Una asignatura que contaba con el apoyo de todos los grupos sociales.

Cuál sería el hilo conductor de esa materia no es difícil de imaginar: reflexionar sobre la superioridad de la libertad frente a la esclavitud, el adoctrinamiento y la manipulación; degustar el valor de la igualdad entre las personas, que tienen dignidad y no un simple precio, sea cual fuere su raza, religión, edad, género o su orientación sexual; respetar activamente, y no solo tolerar, las ideas de quienes piensan de forma distinta, pero moralmente aceptable; apreciar el diálogo como camino para resolver los conflictos, cuando están puestas las condiciones para que el diálogo sea auténtico, y tomar nota de que la apuesta por la justicia no es un mero consejo, sino la exigencia indeclinable que constituye el quicio de cualquier sociedad pluralista y democrática. Si la justicia falla, como valor y como virtud social, la sociedad está desquiciada. Con claro perjuicio para todos, pero sobre todo para los más vulnerables.

Contar con una materia semejante en el currículo escolar es imprescindible, entre otras razones, porque una sociedad demuestra qué materias considera indispensables para la formación cuando las incluye en un plan de estudios; en este caso, para ayudar a formar una buena ciudadanía, conocedora de sus derechos y de sus responsabilidades y capaz de vivirlos en la práctica.

La escuela y la universidad bien pueden vincularse con actividades que encarnen la moral pensada en la moral vivida como parte del currículo escolar. El trabajo conjunto con organizaciones cívicas solidarias se hace aquí imprescindible.

Es verdad que educamos en tiempos de incertidumbre, ignoramos qué habilidades y competencias científicas y técnicas serán las más adecuadas para encontrar un lugar en el mundo laboral, pero sí que sabemos que es desde los valores éticos mencionados desde los que debería orientarse el quehacer de las ciencias y las técnicas.

Por eso sería aconsejable introducir en el temario de la educación española una asignatura de ética en cada uno de los grados universitarios y en la formación profesional, de modo que los futuros profesionales tengan un espacio para reflexionar sobre las metas y valores de su actividad.

Naturalmente, la ética, que es “filosofía moral”, igual que hay filosofía de la ciencia o de la técnica, es una parte de la filosofía, ese saber de tan larga y acreditada historia que con ella empezó el conjunto de la sabiduría secularizada, al menos en Occidente.

Mantener la asignatura de filosofía como obligatoria en primero de bachillerato y aumentar su peso en segundo es una de las reivindicaciones, más que justificadas, de la Red Española de Filosofía, a las que hace unos días dedicó un espacio Juan Cruz en las páginas de este diario.

Pero en su calidad de ética para la Enseñanza Secundaria Obligatoria, con un alumnado más joven, es necesario potenciarla muy especialmente para que tome cuerpo en la vida social esa Declaración Universal de Derechos Humanos, que el 10 de diciembre cumplirá 70 años, y que tiene por base explícitamente la dignidad de las personas, la dignidad de todos los miembros de la familia humana.

Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR.

Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme

“La guerra es la máxima expresión del patriarcado”, explica Irati González Larena, integrante del Movimiento Feminista en Euskal Herria, que ha convocado diversas actividades en torno a la fecha.

Madrid, 24 mayo. 18. AmecoPress. A lo largo de la historia aquellos que la han escrito guardaron un silencio sospechoso sobre los aportes que las mujeres hicieron a la ciencia, la política, la cultura, la medicina… y también el aporte que las mujeres, desde comunidades y organizaciones, han hecho siempre para salir de la encrucijada que significa la guerra y sostener la paz. Pero aunque la memoria histórica oficial no suele incorporar la huella de las mujeres, las mujeres antimilitaristas celebran cada 24 de mayo el día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme desde principios de los años 80.


Se conmemora, no por recordar una masacre o catástrofe, sino para tener presente la fuerza de las iniciativas de los movimientos de mujeres pacifistas y para denunciar lo que suponen las guerras para las mujeres.

“La guerra es la máxima expresión del patriarcado”, explica Irati González Larena, integrante del Movimiento Feminista en Euskal Herria. “Las mujeres nos convertimos en objetos que se utilizan para hacer la guerra, las mujeres hemos padecido siempre los males de la guerra, psicológicamente, socialmente, económicamente y físicamente. Durante la guerra y después. La violación masiva de las mujeres es parte integral de la guerra, las mujeres y sus cuerpos fueron consideradas unas veces como botín de guerra, otras como moneda de cambio, como reposo del guerrero, como campo de batalla, etc.” Estas son algunas de las razones que han llevado a estas activistas a convocar actos en torno a esta fecha.

“Llevamos años reivindicando el rechazo a las guerras y los negocios armamentísticos y al igual que lo hicieron las greenham, lo hicieron también las Wipnet (Women in Peacebuilding), Women in black… En Euskal Herria el movimiento feminista puso las primeras piedras hace ya varios años, rechazando la OTAN; dichas protestas se fueron manteniendo en momentos coyunturales (la guerra del Golfo, las violaciones masivas a nuestros cuerpos en la guerra de Bosnia, la invasión de Afganistán, tratando de llevar el feminismo a la dinámicas como la de Ongi Etorri Errefuxiatuak…), pero desde una perspectiva antimilitarista, internacionalista y basada en la solidaridad”.

El pasado 16 de diciembre el Movimiento Feminista de Euskal Herria señalaba a quienes son responsables del envío de armas desde el Puerto de Bilbao. Después de la presión ejercida desde diferentes ámbitos, se llevó dicha actividad al puerto de Santander, consiguiendo así, sacar el envío de Euskal Herria. Pero lamentablemente se sigue produciendo armamento y el problema no ha desaparecido.

La creciente militarización

Al contrario, en los últimos años ha crecido la militarización de las fronteras. La represión dentro de los estados sobre quienes defienden los derechos humanos también ha sido incrementada. Además, en épocas de crisis económicas, los poderosos ven en la guerra y el gasto militar una vía de salida. El Gobierno español es uno de ellos. En 2024 España gastará el doble en Defensa de lo que gasta en la actualidad: el gasto militar rondará entonces el 1,53% del PIB cuando en la actualidad es del 0,86%, según lo reconocido públicamente por la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. Y sabemos que la cifra es notablemente superior, pues existen partidas inequívocamente militares que se encuentran repartidas entre otros ministerios con el objetivo de esconder a la opinión pública el gasto militar real, y de paso al Congreso de los Diputados y al Senado, que aprueban unas cuentas muy inferiores al presupuesto real militar.

“Detrás de todo esto hay intereses económicos, está la Banca, está el Estado y las grandes empresas”, asegura Irati González, “intentan criminalizar a los movimientos para dejarnos con menos herramientas”. Las élites económicas actúan junto a los Estados para mantener el control de los pueblos y de las mujeres. Otra muestra más de que el patriarcado necesita la violencia para subsistir. Las guerras arrasan con las tierras y por lo tanto con los recursos y sustento de la mayoría de la población, generando así, mayor pobreza económica y dependencia hacia occidente. Este hecho es aprovechado a menudo por empresas y transnacionales que se benefician bajo el silencio de gobiernos e instituciones.

El Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, diferentes grupos de mujeres y grupos antimilitaristas, insisten en que dejemos de enfrentar los conflictos con violencia, invasión, autoridad, exclusión o eliminación tanto en la casa, como en los distintos ámbitos sociales, incluyendo la política o la economía. Que, de una vez, seamos creativas y constructivas en el abordaje de nuestros conflictos.

“El feminismo mayoritariamente apuesta por un modelo equitativo y porque ningún ser humano tenga que sufrir violencia”, argumenta la activista, que recuerda que las guerras son la mayor violencia hegemónica en la que se unen el sistema patriarcal y capitalista. “Las guerras son colonialistas, heteropatriarcales, imperialistas, racistas, clasistas y capitalistas y esto choca de lleno con las necesidades y reivindicaciones más básicas del feminismo. Porque las feministas no queremos un modelo social en el que las mujeres, sus cuerpos o sus territorios sean oprimidos bajo ninguna excusa. Porque la guerra es destrucción, es todo lo contrario a la vida sostenible que reclamamos desde el feminismo”

El manifiesto difundido desde el Movimiento Feminista de Euskal Herria expone que “el ejército puede ser considerado como una de las organizaciones patriarcales más importantes de cualquier sociedad y una de las más reveladoras respecto a la desigualdad que caracteriza las relaciones hombres-mujeres: jerarquización del poder, culto al jefe y su dominación, obediencia, violencia física, ausencia de espíritu crítico, un círculo cerrado de los “chicos”, etc.” Según el texto, “este modelo de masculinidad asociado a la fuerza y a la agresividad es una referencia creciente para los jóvenes”.

Otras respuestas

En momentos de crisis de las sociedades como guerras o crisis humanitarias y naturales, las mujeres asumen un papel importantísimo en varios ámbitos: en la atención y gestión de las primeras necesidades de su población, en mantener una mínima cohesión en la sociedad en crisis, en la transmisión de esperanza, en la reconstrucción del tejido social desde la reconciliación y superación de la impunidad e injusticia y en la gestión de la ayuda humanitaria internacional. Pero, paradójicamente, en los procesos de paz y de reconstrucción social y política en países en fase post-bélica, la presencia de la mujer tiende a desaparecer.

Otras respuestas

En momentos de crisis de las sociedades como guerras o crisis humanitarias y naturales, las mujeres asumen un papel importantísimo en varios ámbitos: en la atención y gestión de las primeras necesidades de su población, en mantener una mínima cohesión en la sociedad en crisis, en la transmisión de esperanza, en la reconstrucción del tejido social desde la reconciliación y superación de la impunidad e injusticia y en la gestión de la ayuda humanitaria internacional. Pero, paradójicamente, en los procesos de paz y de reconstrucción social y política en países en fase post-bélica, la presencia de la mujer tiende a desaparecer.


Así, en este Día Internacional de la Mujer por la Paz y el Desarme las mujeres antimilitaristas del mundo nos recuerdan que además de la urgencia actual de retomar nuevamente la voluntad de desarme mundial y de fomentar el desarrollo humano y social, además de la necesidad de incorporar a las mujeres en los procesos políticos de reestablecimiento de la paz nacionales, regionales y mundiales, también se ha de fomentar la desmilitarización de la mente de la población. Urge dejar de legitimar y reproducir, aunque sea a menor escala, un abordaje de los conflictos a partir de la violencia.

Un poco de Historia

Ya durante la primera y segunda guerra mundial millones de mujeres pacifistas se movilizaron en Inglaterra, Francia, Alemania a favor del desarme. En 1975, año de la mujer, los movimientos de mujeres antimilitaristas hicieron un llamamiento a la Asamblea de las Naciones Unidas para enfatizar sobre la desmilitarización de la humanidad.

Durante la década de los 80 crecieron las redes de mujeres antimilitaristas: en Gran Bretaña contra las bases militares, en Alemania contra la instalación de misiles, en España en relación al movimiento Anti-Otan.

En Latinoamérica también despertó la conciencia antimilitar de las mujeres: En 1924 surgió el primer comité antimilitarista de mujeres uruguayas que jugó un papel fundamental en la derrota de la dictadura de su país. Durante la década de los 80, a partir de las atrocidades realizadas por los regímenes militares latinoamericanos, también surgieron grupos de mujeres que reclamaron la recuperación de la memoria, la superación de la impunidad y reparación como garantías de una real reconciliación y proceso democrático. En esta trayectoria destaca las mujeres indígenas guatelmatecas lideradas por la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, las Madres de la Plaza de Mayo etc.

Más recientemente, durante las últimas guerras de Bosnia-Herzegovina, Kosovo,
Afganistán, en la actual guerra Israel-Palestina, y en la larga guerra Colombiana, surgieron «Mujeres de Negro» planteando al mundo que «se visten de negro para protestar por las políticas y prácticas de todos los ejércitos cuyos argumentos son la fuerza y la violencia y, están en silencio porque rechazan decir palabras superfluas frente a los innombrables horrores de la guerra, frente a muchos medios de comunicación que presentan las noticias del dolor de la guerra como hechos sensacionalistas y de manera amarillista».

Hay que destacar también el movimiento de mujeres en Palestina, Siria, Arabia Saudí, India, Bangladesh y otros tantos países, que dando ejemplo de una enorme solidaridad e inventiva, militan contra la guerra y a favor de la paz y ayudan a muchas mujeres en contextos bélicos.

Acciones previstas

El movimiento feminista de Euskal Herria tiene previsto la celebración de varios actos y una manifestación el próximo sábado 26 de mayo. Además, se llevaran a cabo diferentes charlas y proyecciones de vídeos en distintos lugares para denunciar la presencia de la industria armamentística en nuestro territorio en el que empresas como SENER, ITP y SAPA, colaboran con su tecnología en la fabricación de armamento causante de la muerte de centenares de miles de personas; la invisibilidad de las mujeres y el papel de víctimas al que son continuamente relegadas en los contextos de conflicto; el papel de las instituciones, gobiernos y Banca en el mantenimiento de los conflictos y la militarización; la manipulación de las políticas gubernamentales para este fin, aprovechándose económicamente de los conflictos (control de recursos naturales –petróleo, agua, minerales, entre otros -) en su propio territorio o de otros; el papel de las empresas transnacionales, arrasando pueblos enteros, exterminando a la población civil y criminalizando a quienes la defienden.

Frente a esta situación, el movimiento feminista y el antimilitarista tejen redes y plantean un nuevo modelo social. Reclaman el fin de los gastos militares, y por tanto, del presupuesto público utilizado para la compra de armas, la instalación de bases militares, la manutención de ejércitos y sus infraestructuras. Y por lo tanto, el fin de los ejércitos. Proponiendo además, alternativas a las actuales empresas armamentísticas.

Defienden la participación de las mujeres (con igual importancia que los hombres) en los procesos de prevención y gestión de conflictos así como de manutención de la paz y de procesos de construcción post-conflictos. Además del reconocimiento de su sufrimiento en los conflictos y el trabajo realizado históricamente.

Apuestan por la Co-educación popular y educación para la paz. Un sistema solidario y que no valorice la violencia ni el comportamiento sexista. Se trata, en definitiva de crear conciencia y asumir responsabilidades colectivas. “Que dejen de amenazar nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestras vidas”.

( foto: archivo AMECOPRESS )