I Premios ‘Alfredo Pérez Rubalcaba’

Los premios ‘Alfredo Pérez Rubalcaba’ ( 23/11/19) tienen por n objetivo “reconocer la labor, la trayectoria y el trabajo realizado por personas y colectivos para mejorar, transformar y avanzar en derechos, acciones y políticas que contribuyan a la construcción de una sociedad mejor».

En esta primera edición, fueron galardonados:

Edu Madina: premio a la Concordia.

Pilar Goya: premio Alfredo Pérez Rubalcaba, a título póstumo.

María Izquierdo, premio a la igualdad.

En el acto de entrega, María Izquierdo, comentó entre otras referencias, cómo continuaba en el presente su labor transformadora:

Paz y cinismo…

Eva Borreguero en El País 23/10/19:

“…) la estruendosa aclamación “somos gentes de paz” y las “marchas por la libertad “ abanderadas por un jovial Quim Torra, cual Gandhi encabezando la célebre Marcha de la Sal de 1930. Sólo le faltaba el gayato. Paradójicamente, y en parte a consecuencia de la estrategia del gobierno español de no caer en la provocación y mantener la respuesta policial un paso por detrás de los radicales callejeros, se ha producido un efecto bumerán que ha sacado a la superficie la violencia de la pretendida “desobediencia civil”: el emperador está desnudo.”

Presentacion del libro Parlamentarios Asturianos de La Transición 1977-82

Pié foto: Presidente de la Junta General del Principado, Pedro Sanjurjo González, Alonso J Puerta (a su derecha), María Izquierdo Rojo, a su izquierda; comenzando por la izquierda de la foto: Josefina Velasco Rozado, Adolfo Fernández Pérez, Emilio García-Pumarino Ramos, Javier Rodriguez Muñoz , Alfredo Prieto Valiente, y Jose M Fernàndez Hevia.

Las mujeres defensoras de los Derechos Humanos sufren cada vez más represión y violencia

Un experto en derechos humanos de la ONU ha denunciado que las mujeres, las niñas  que defienden los derechos humanos sufren cada vez más represión y violencia en todo el mundo. Esa represión se extiende a las personas que no se identifican los géneros tradicionales.

“En el actual clima político, en el que hay una reacción violenta contra los derechos humanos, las mujeres que los defienden y promueven a menudo son las primeras en sufrir ataques”, dice Michael Forst, el relator sobre la situación de los defensores.

Su informe muestra como el auge de discursos políticos misóginos, sexistas y homófobos han “normalizado” la violencia contra las defensoras.

“En muchos países”, dice, “las mujeres que alzan la voz por los derechos humanos son estigmatizadas, llamándolas malas madres, terroristas o brujas, silenciadas y marginadas de la toma de decisiones e incluso pueden ser asesinadas”.

Forst concluye que las mujeres enfrentan los mismos riesgos que los hombres defensores, pero está claro que ellas además sufren amenazas “adicionales y diferentes” moldeadas a partir de estereotipos de género.

Un problema de todos

Por VICENTE TOVAR, El Mundo, 21/8/18

Menores inmigrantes a bordo de la nave Aquarius EFE/Médicos Sin Fronteras

Hasta ahora nuestra Europa se había convertido en una referencia ideal para personas inmigrantes que procedían de países donde no se respetan los derechos o donde sufren incluso persecuciones. Europa ha sido siempre una tierra de acogida. De ahí que haya causado más que sorpresa la actitud que están mostrando algunos gobiernos de la Unión de rechazar la llegada de inmigrantes, que está acaparando titulares en estos días.

No es un problema de fácil solución ya que esta llegada masiva puede llegar a desestabilizar la propia Unión, si no se hace de una manera ordenada y racional y de ahí la necesidad de realizar políticas conjuntas, incluyendo a los países de procedencia de los inmigrantes, donde se fijen cuotas que Europa pueda soportar para que puedan tener las atenciones y ayudas necesarias y donde se fijen, sobre todo, políticas de inversión en esos países del tercer mundo a la vez que políticas de represión de las mafias que trafican con seres humanos.

La inmigración como fenómeno social que marca la agenda de gobiernos y políticas que hasta el momento no parecen haber dado mucho resultado, no es ni más ni menos que el resultado de la desigualdad entre países de primera y de segunda, cuyos ciudadanos tienen el derecho de buscar una oportunidad de mejora. Y ante este contexto, la Unión Europea debe hacer gala de la solidaridad con aquellos que han tenido menos suerte.

Como entidad supranacional la Unión debería llegar a acuerdos con los países de origen desde los que se producen estas oleadas de migrantes, promover las condiciones para la democratización y desarrollo de los mismos, así como su compromiso con los derechos humanos. En otras palabras, a Europa le toca gastarse el dinero para mejorar la situación de África y no hay tercera vía. O eso, o su acogida de forma repartida y compensada entre todos por igual.

Cuando un inmigrante llega a España lejos de haber finalizado su viaje, se encuentra un panorama bastante desalentador. En primer lugar, si ha entrado por la frontera de Marruecos a las ciudades de Ceuta y Melilla, en 10 días será devuelto a este país en virtud de un tratado firmado por ambos países donde Marruecos se compromete a «readmitir» en su territorio a los nacionales de terceros países que hayan entrado en territorio español por medio de Marruecos (es lo que se llama devoluciones en caliente).

Respecto a los demás países, el inmigrante probablemente solicitará la petición de asilo mediante su asistencia jurídica gratuita, y en caso de que sea concedida, adquirirá la condición de refugiado. En los demás casos, será expulsado, aunque no se podrá hacerlo si su solicitud de asilo sigue tramitándose, no se sabe la verdadera nacionalidad, o si no existe un tratado de repatriación con su país de origen.

Pero lo que más preocupa y sobre lo que se debe hacer especial mención es a la compleja situación de los inmigrantes menores de edad no acompañados, los llamados «MENA». La organización Save The Children da un dato muy significativo que refleja la dificultad de la situación con respecto a estos menores: «en 2017 fueron mas de 2.500 los menores no acompañados que llegaron a España, un 60,4% mas que el año anterior».

Educar en valores éticos POR: ADELA CORTINA · FUENTE: EL PAÍS · 26 JULIO, 2018

Establecer una asignatura de valores cívicos en la educación española es una buena noticia porque de esa manera los futuros profesionales tendrán un espacio para reflexionar sobre las metas y valores de su actividad.

El 17 de junio pasado llegó a Valencia el buque Aquarius con 630 inmigrantes a bordo, rescatados días antes en el Mediterráneo. Aunque el viaje era largo, otros puertos más próximos no se prestaron a recibirlos y fue el puerto valenciano el que lo hizo. Naturalmente, los comentarios de todo tipo inundaron las páginas de la prensa, las cadenas de radio y televisión y las redes sociales, desde los agoreros cansinos que insistieron, como siempre, en pronosticar un efecto llamada que acarrearía toda suerte de males, hasta el entusiasmo de una ciudadanía, orgullosa de saberse y sentirse solidaria.

Los tres poderes sociales —el ciudadano, el político y el económico— se unían para atender a los más vulnerables. Era el momento mágico de las sinergias entre las fuerzas sociales a favor de lo mejor que tenemos los seres humanos. Era un brote valioso de hospitalidad.

Claro que aquello era solo un comienzo, y a partir de ese punto debía empezar el proceso de organizar, discernir y, en su caso, llevar a cabo la integración, porque la acogida es un bien menor, cuando no se ha logrado resolver los problemas en los países de origen para que nadie se vea obligado a dejar su hogar, pero integrar a los recién llegados era todavía la asignatura pendiente.

Recuerdo la ingeniosa respuesta de un profesor latinoamericano a quien pregunté cómo no mejoraba la situación de su país, teniendo en cuenta la creatividad de sus gentes: “Es que”, me dijo, “tenemos muchas iniciativas, pero pocas acabativas”. Y tenía razón, pero no solo para su país, sino para muchos otros; entre ellos, España y esa precaria unión supranacional, que es la Unión Europea.

Los problemas políticos y económicos han venido poniéndole trabas desde el comienzo, pero hoy en día se han sumado las deficiencias éticas: la falta de acuerdo real en los valores de los que queremos vivir, que son los que constituyen nuestras señas éticas de identidad. Como diría José Luis Aranguren, nuestra moral vivida, además de nuestra moral pensada.

En la forja de esa moral es una pieza clave la educación, tanto formal como informal, tanto la que se plasma en currículos escolares y universitarios como la que se propaga a través de la vida cotidiana.

Porque las personas no nacen ciudadanas, sino que se hacen. La persona —recordaba Kant— lo es por la educación, es lo que la educación le hace ser. Y en este tiempo en que en España se debate sobre una reforma de la ley de educación, que venga a superar deficiencias de la LOMCE, es una buena noticia saber que una asignatura de “valores éticos y cívicos” va a formar parte de los planes de estudios escolares como un capítulo en la formación de todo el alumnado.

A fin de cuentas, hace años constaba una asignatura con el título “La vida moral y la reflexión ética”, que se ocupaba del conjunto de valores éticos compartidos en las sociedades pluralistas y democráticas, es decir, de su ética cívica, y de los proyectos que desde ella se han ido incorporando. Una asignatura que contaba con el apoyo de todos los grupos sociales.

Cuál sería el hilo conductor de esa materia no es difícil de imaginar: reflexionar sobre la superioridad de la libertad frente a la esclavitud, el adoctrinamiento y la manipulación; degustar el valor de la igualdad entre las personas, que tienen dignidad y no un simple precio, sea cual fuere su raza, religión, edad, género o su orientación sexual; respetar activamente, y no solo tolerar, las ideas de quienes piensan de forma distinta, pero moralmente aceptable; apreciar el diálogo como camino para resolver los conflictos, cuando están puestas las condiciones para que el diálogo sea auténtico, y tomar nota de que la apuesta por la justicia no es un mero consejo, sino la exigencia indeclinable que constituye el quicio de cualquier sociedad pluralista y democrática. Si la justicia falla, como valor y como virtud social, la sociedad está desquiciada. Con claro perjuicio para todos, pero sobre todo para los más vulnerables.

Contar con una materia semejante en el currículo escolar es imprescindible, entre otras razones, porque una sociedad demuestra qué materias considera indispensables para la formación cuando las incluye en un plan de estudios; en este caso, para ayudar a formar una buena ciudadanía, conocedora de sus derechos y de sus responsabilidades y capaz de vivirlos en la práctica.

La escuela y la universidad bien pueden vincularse con actividades que encarnen la moral pensada en la moral vivida como parte del currículo escolar. El trabajo conjunto con organizaciones cívicas solidarias se hace aquí imprescindible.

Es verdad que educamos en tiempos de incertidumbre, ignoramos qué habilidades y competencias científicas y técnicas serán las más adecuadas para encontrar un lugar en el mundo laboral, pero sí que sabemos que es desde los valores éticos mencionados desde los que debería orientarse el quehacer de las ciencias y las técnicas.

Por eso sería aconsejable introducir en el temario de la educación española una asignatura de ética en cada uno de los grados universitarios y en la formación profesional, de modo que los futuros profesionales tengan un espacio para reflexionar sobre las metas y valores de su actividad.

Naturalmente, la ética, que es “filosofía moral”, igual que hay filosofía de la ciencia o de la técnica, es una parte de la filosofía, ese saber de tan larga y acreditada historia que con ella empezó el conjunto de la sabiduría secularizada, al menos en Occidente.

Mantener la asignatura de filosofía como obligatoria en primero de bachillerato y aumentar su peso en segundo es una de las reivindicaciones, más que justificadas, de la Red Española de Filosofía, a las que hace unos días dedicó un espacio Juan Cruz en las páginas de este diario.

Pero en su calidad de ética para la Enseñanza Secundaria Obligatoria, con un alumnado más joven, es necesario potenciarla muy especialmente para que tome cuerpo en la vida social esa Declaración Universal de Derechos Humanos, que el 10 de diciembre cumplirá 70 años, y que tiene por base explícitamente la dignidad de las personas, la dignidad de todos los miembros de la familia humana.

Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR.