Siria, kurdos, Isis: cuando las potencias echan lastre

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Conviene dedicar atención a las nuevas alianzas y movimientos que surgen desde el pacto con Irán y por la dimensión real que parece haber tenido ese convenio. Muchos de los instrumentos que fueron útiles antes dejan de serlo en este presente, el ISIS, los kurdos sirios y muy posiblemente el régimen de Damasco. Como un “Yalta de estos tiempos”, recordando la conferencia que dividió el mundo de la segunda posguerra.

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  • Marcelo Cantelmi, Clarín, 1/8/15
  Así como Arabia Saudita en Yemen, la actual ofensiva militar turca sobre Siria tiene un primer carácter preventivo. Es el camino por el cual estas potencias regionales se adaptan al rediseño de un escenario en el cual buscan prevalecer. Pero eso es la mitad de lo que realmente sucede.

Apenas horas después de consumarse el pacto en Viena entre Occidente e Irán que repotenció al adversario persa, Ankara se lanzó militarmente sobre territorio sirio con el objetivo declarado de recortar la influencia de la anomalía táctica en que devino la banda terrorista ISIS. Pero su blanco adicional y más significativo fueron las fuerzas del pueblo kurdo en Siria, una amenaza existencial para los intereses turcos. De modo tal que Turquía pasó en horas de una neutralidad calculadora a involucrarse en dos frentes simultáneos de combate en uno de los bastiones del poder iraní en la región. Sin embargo las reacciones por esos movimientos no tienen el nivel que hubieran alcanzado en otros momentos.
No hace mucho la amplia frontera entre Turquía y Siria estaba en manos de una manada de siglas de movimientos rebeldes, fundamentalistas, kurdos e incluso ligados a las hilachas de Al Qaeda y esencialmente el propio ISIS, todos enfrentados entre sí y todos contra el régimen pro-iraní de Bashar Al Assad. En ese desorden acabó prevaleciendo la acaudalada organización yihadista que llegó a controlar cerca de mil kilómetros del límite binacional, desde el cual y en todas direcciones se podía visualizar su bandera negra. Eso sucedía en medio de una sugestiva serenidad en el espacio turco. Especialistas como Jonathan Schanzer, en Business Insider tradujeron esa calma tan diferente al infierno del otro lado, como “el mayor indicador de un vínculo de la inteligencia del AKP (el partido gubernamental turco) con el ISIS”. ¿Qué cambió? Los ataques norteamericanos al frente de la coalición creada formalmente para fulminar a esa organización medieval, fueron los que modificaron la ecuación. Los integristas acabaron dispersándose u obligados a transformar su logística, particularmente tras la simbólica derrota en Kobane del año pasado. En su lugar se fortaleció la milicia kurda del YPG, triunfante en esa ciudad fronteriza, y brazo armado de un partido de esa etnia en Siria y vinculado al célebre PKK que Turquía ha combatido por décadas hasta una tregua en 2012.
Según la revista online norteamericana The Globalist, los kurdos sirios que controlaban tres enclaves aislados se fortalecieron en ese revuelo hasta conquistar en mayo pasado un area continua de unos 400 kilómetros en el límite y frente a las narices turcas. Ankara temía que el grupo uniera esos enclaves con otros territorios que incluyeran la estratégica Azaz en el camino a Aleppo y plantaran soberanía. Ese fue el límite.
“Nunca permitiremos el establecimiento de un nuevo Estado en nuestra frontera con Siria”, advirtió el presidente Recep Tayyip Erdogan, en la primera de una catarata de declaraciones justificatorias que agravó el canciller Mevlut Cavusoglu al sostener que “no se puede decir que los kurdos son mejores porque combaten al ISIS”. Desde una lectura directa, ese giro debería complicarle a Ankara su relación con Washington que destaca a la milicia kurda como la fuerza más efectiva contra el integrismo en el norte sirio. Pero es improbable que esto haya sucedido sin el consentimiento de la Casa Blanca.
Turquía, como el propio EE.UU., consideraría que “el ISIS es una entidad paraestatal de existencia efímera que tarde o temprano será derrotada militarmente y se reconvertirá en una insurgencia sin territorio al modo habitual”, como acaba de resumir Francisco José Berenguer, un teniente coronel, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Pero los kurdos son otra cosa, y su crecimiento puede ser permanente, algo que no preocupa a Washington pero espanta a Ankara, que tiene a millones de integrantes de ese pueblo apátrida en su territorio y ya son la tercera fuerza electoral. Dicho de otro modo, ahora Europa y EE.UU. están dispuestos a desentenderse de los kurdos sirios, su primer aliado contra la banda integrista y a quienes estaban entrenando y armando, y, en cambio, sostener a Turquía y sus intereses que son excluyentes.
No es la primera vez que los kurdos beben de ese jarabe. Después de la Primera Guerra Mundial, en la que combatieron junto a Europa contra los otomanos, acabaron traicionados por sus aliados a la hora de cumplirse la promesa de entregarles un espacio nacional. Solo una parte de ellos cuenta hoy con una región federal que edificaron de facto en el norte de Irak tras sumarse a EE.UU. en el derrocamiento de Saddam Hussein.
Hoy como antes, los kurdos serían el lastre de estas mutaciones, del modo en que, en su medida, lo es el ISIS y la propia dinastía alawita que controla desde hace más de cuatro décadas Siria. Ankara, segunda fuerza en cantidad de tropas de la OTAN, se lanza sobre ese país árabe para crear zonas protegidas, en tierra y por aire, primero en la frontera y seguramente luego más allá, para asfixiar al integrismo y fortalecer las fuerzas regulares prooccidentales que han venido luchando contra Assad desde marzo de 2011. Ese movimiento que tiene como víctimas laterales a los kurdos, alcanza sentido por el llamado de Washington, incluso a Irán, para que el paso siguiente a los acuerdos de Viena remueva al régimen de Damasco. Si antes se freno la mano de Turquía ahora se la estrecha. En esta concertación lo que se busca es controlar la transferencia de poder de un Estado en disolución.
Irán acaba de anunciar que también entrará en la guerra contra el extremismo, aludiendo a Siria donde despachó hace tiempo asesores militares. Pero nada asegura que esa estrategia incluya preservar a Assad en el nuevo escenario táctico que se ha abierto. Quizá nada se pierda. Teherán ya antes sacrificó su gobernante títere de Irak por otro de consenso con EE.UU. que también le responde. Pero hay más. Turquía depende del petróleo y el gas que le proporciona Rusia, un país que comparte con Irán la alianza con el régimen de Damasco y también con los kurdos. Sin embargo, el Kremlin no ha expuesto esa baraja para detener el impulso intervencionista turco. Eso añade la noción desafiante de que Viena posiblemente haya sido mucho más que una negociación del 5+1 para detener el plan nuclear en ciernes persa. Acaso una Yalta en miniatura de estos tiempos, como aquella conferencia que dividió el mundo tras la segunda matanza del siglo pasado.
Copyright Clarín, 2015.